acyase

acyase

Raul Jorge Castillo Raul Jorge Castillo

Libro DESDE LA MAMA ANTULA AL PRESIDENTE ..... intenta ser una respuesta  a la problematica que hoy esta viviendo el pais. Buscando referencias, modelos desde lo espiritual como la Mama Antula y desde lo Politico con el expresidente Illia. Se completa el libro con IDEAS PARA UNA POLITICA EDUCATIVA que son una sugerencia para mejorar la Calidad Educativa de los Educandos buscando la igualdad que dice la Ley.
El Libro fue Premiado con la Faja de Honor de la SADE en el Rubro Ensayo del año 2018.
En cuanto al segundo Libro REFLEJO DE AMOR......... no es solamente la Historia del Club Independiente de Fernandez, sino que tambien analiza el contexto geografico e historico de la Region Mesopotamica Santiagueña donde esta emplazada la cancha del Club, llamada la represa , pero que se traza la hipotesis que fue una antigua aguada, por donde circulaba el Camino Real de la Region. 
 
    

SARA DÍAZ DE RAED (R. GIMÉNEZ MOSCA)

SARA DÍAZ DE RAED

 Es con sincero y sano orgullo que ocupo el sitial académico SARA DÍAZ DE RAED. Es que entre las muchas figuras realmente destacables en el mundo de la docencia  que podía elegir para que fuese mi patrono académico, seleccioné  a esta mujer nacida en la ciudad de Santiago del Estero el día 19 de abril del año 1915 a quien conocí por relaciones familiares primero y más tarde por trabajar juntos durante prolongado tiempo en el mundo de la cultura y la educación.

 En estos mundos pudo concretar la Sra. Sara Díaz de Raed su vocación docente perfilada en los comienzos de su adolescencia cuando a sus hermanos menores, entretenía con juegos en los que ella siempre oficiaba de maestra.

 Desde entonces fue docente y nunca dejó de serlo. Como tal vivió enseñando sin dar nunca la real impresión de que lo hacía, Durante más de cincuenta años fue la actividad a la que se dedicó con fruición y tenía la virtud de enseñar sin proponérselo y, a veces, hasta sin darse cuenta de que lo estaba haciendo.

 Iniciada como maestra y llegando a desempeñarse como directora trabajó durante 32 años en escuelas rurales primarias y 18 en nuestra ciudad capital y en todo ese tiempo fue distinguida como docente ejemplar.

 

También la docencia secundaria y superior la contó entre sus referentes siendo la historia y las ciencias de la educación sus cátedras favoritas. Sus alumnos del Instituto “Madre Mercedes Guerra”, Instituto “San Martín de Porres” y de la Facultad de Ciencias de la Educación en la Universidad Católica de Santiago del Estero la recuerdan agradecidos y con cariño por haberse distinguido como docente preparada, dedicada y muy eficiente.

 

            El  Instituto Belgraniano de nuestra ciudad capital,  fue otro de sus grandes afectos profesionales. Fue allí  el escenario de nuestro primer encuentro de trabajo donde estuvimos mutuamente motivados por los anhelos comunes y propios de nuestra formación docente, orientados principalmente hacia los horizontes y dominios de la historia.

 

            Armonizamos y creo que, junto a otros meritorios docentes y escritores santiagueños trabajamos mucho y con buenos resultados. Todos coincidimos en la importancia de la noble misión a desarrollar como lo era el  hacer conocer las excelencias morales y patrióticas de Manuel Belgrano. Las famosas “Cartillas Belgranianas, de entrega gratuita en los Centros Belgranianos y en escuelas

2

 

 

santiagueñas fueron gran aliado en la difusión de la obra de nuestro gran prócer creador de  nuestra bandera.

 

            Y luego fue la función pública la que nos convocó. Por esas  cosas del destino fui invitado a desempeñar  el cargo de subsecretario de cultura y educación y al aceptar se me pidió de inmediato que propusiera candidatos para ocupar los principales cargos en la Dirección Gral. de Cultura, Museo Histórico, Museo Arqueológico, Museo de Bellas Artes, Biblioteca 9 de Julio, Consejo Gral. de Educación y  también de Enseñanza Media y Superior. Y mis propuestas, todas aceptadas, fueron respectivamente las siguientes: Prof. Beatriz Barbieri de Prados, Prof. Sara Díaz de Raed, Dra. Amalia Gramajo de Martínez Moreno, Prof. Juan Carlos García, Prof. Isabel Loza de Peregrín, Lic. María Luisa Nazer de Gallo y Prof. Sara Navarrete de Hounou. 

 

            Indudablemente que fue el Museo Histórico de la provincia el lugar adecuado para la acción fructífera de su meritorio accionar. Se rodeó de un equipo de colaboradores y asesores que le permitió concretar acertadas medidas que hizo decir a un especialista que visitó dicho Museo que la Sra. Díaz de Raed había tenido la afortunada visión de darle un interesante toque de actualidad a los ricos testimonios  del pasado allí existentes. 

 

            Y en ese especial sentido vale recordar el programa que incorporó y al que puso por nombre “Luz y Sonido” que pudo concretar con satisfacción de todos los santiagueños, ya que nos permitió revivir con imágenes y sonidos venidos del ayer un rico patrimonio que enriquecía  día a día nuestro presente histórico.

 

            Me consta y doy fe de ello que diariamente muchos alumnos santiagueños disfrutaron de tan gratísimo acontecer y pude apreciar personalmente la visita permanente de alumnos, tanto capitalinos como del interior de nuestra provincia, que vivían intensamente las novedades históricas que el Museo les proporcionaba con sus visitas guiadas.

 

            También recuerdo, y lo hago muy gratamente, la modalidad que impuso la Sra. de Raed de abrir las puertas del Museo a instituciones, escritores y artistas para las presentaciones de sus obras que se fueron realizando cada vez con mayor frecuencia. El Museo Histórico de la Provincia se convirtió así bajo su eficiente dirección en un adecuado, buscado y apreciado centro cultural santiagueño. Realmente bueno, muy bueno. 

 

            Todo ello fue realizado tan bien que su obra cultural-educativa sigue siendo por todos nosotros reconocida, valorada y  muy agradecida.

 

            También la Facultad de Ciencias de la Educación de la Universidad Católica de Santiago del Estero conoció y valoró debidamente su meritoria función en tan importante casa de altos estudios. Durante seis años fue directora del Departamento de Extensión Universitaria y también catedrática en los Cursos de

 

3

 

 

Perfeccionamiento Docente a Distancia, en Fernández El reconocimiento final coronó su dedicación y eficiencia en el mundo de la docencia.

 

            Además de todo ello la Sra. Sara Díaz de Raed participó muy activamente en muy diversas organismos e instituciones de nuestro medio ocupando importantes cargos y siempre desarrollando tareas afines a la cultura y educación. Así corresponde destacar:

 

Presidenta de la Junta de Clasificaciones en representación del Consejo Nacional de Educación.

Presidenta de la Mutualidad del Magisterio, durante diez años.

Miembro fundador y Presidenta durante seis años consecutivos del Instituto Belgraniano de Santiago del Estero, fundado el 11 de mayo de 1961, presidido inicialmente y también durante largos años por el Prof. José Néstor Achával.

Miembro del equipo de Conservación y Estudio del Patrimonio Histórico de la Diócesis de Santiago del Estero.

Miembro del Instituto “Juan Manuel Estrada”.

Miembro de la Comisión “Orientación para la Joven”, en 1965 y presidido por el Dr. Horacio Germinal Rava.

Miembro del Jurado del Concurso de Oratoria, año 1965.

Integrante del Jurado del Primer Concurso de Oposición para Ascenso de Jerarquía organizado en 1961 por el Consejo Gral. De Educación de la Provincia de Santiago del Estero.

Miembro Correspondiente en Santiago del Estero de la Academia Belgraniana de la República Argentina.

Vocal de la Junta Ejecutiva de la Federación de Institutos Belgranianos de la República Argentina.

Miembro de Número del Instituto Belgraniano de Paraná, Entre Ríos.

Miembro de la Junta Provincial de Homenaje al Bicentenario del Natalicio del Gral. José de San Martín.

Presidenta de la Comisión Organizadora de la Asociación Cultural Sanmartiniana de Santiago del Estero en 1981.

Miembro de la Comisión Honoraria de Santiago del Estero del Congreso Internacional de Folklore Iberoamericano, en 1980.

Miembro Integrante del Consejo Académico de la Facultad de Ciencias de la Educación de la Universidad Católica de Santiago del Estero.

Representante del Sr. Gobernador de la Provincia de Santiago del Estero para asistir al acto inaugural de la Restauración de la Histórica capilla de Pilar, provincia de Córdoba en 1978.

           

            La Sra. Sara Díaz de Raed  tiene importantísima trayectoria como escritora ya que ha sido prolífera autora de libros, monografías, cartillas y folletos. También ha sido permanentemente requerida por los medios periodísticos de nuestra provincia en recordaciones de importantes acontecimientos religiosos, históricos y culturales, tanto nacionales como santiagueños. Así destaco:

LIBROS:        “Signatarios de la Independencia Argentina”.

                        “Manuel Belgrano Arquetipo de Virtudes”.

4

 

 

            “Santiago del Estero, en sus Monumentos y Lugares Históricos”.

                        “San Martín en Santiago del Estero”.

                        “Hombres y Fortines”.

                        “Los Congresales de Tucumán”.

                        “Anecdotario Santiagueño”.

                        “Santiago del Estero, Títulos. Distinciones y Preeminencias”.

 

            Me parece oportuno destacar que en el mes de mayo del año 2007, en acto muy especial que contó con el auspicio de la Dirección de Cultura de la Provincia de Santiago del Estero, por iniciativa de la Sra. Prof. Blanco Macedo de Gómez, se hizo la presentación del libro intitulado “La Mujer en la Historia santiagueña” de la Sra. Sara Díaz de Raed, fallecida en 1996, que se encontraba inédito y como un merecido homenaje de recordación a tan distinguida mujer de nuestra comunidad.

 

            Sobre sus escritos son muchos los autores que han ponderado sus méritos  de tal suerte que sus libros han sido siempre bien acogidos por lo bien expresadas que están las ideas de su autora, presentadas ellas con la habilidad didáctica que le era característica y generalmente con oraciones largas muy bien construidas y mejor terminadas. Su léxico, propia de mujer culta, siempre la mostraba dominando con delicadeza y propiedad situaciones narrativas o descriptivas que obligaban a su voluntaria lectura.

 

            En el libro intitulado “Panorama de las Letras Santiagueñas” del académico Horacio Germinal Rava, editado por la Dirección Gral. De Cultura de la Provincia de Santiago del Estero en el mes de julio del año 1978, el autor  escribe lo siguiente: “SARA DÍAZ DE RAED publica un estudio sobre Belgrano y posteriormente, dedicada especialmente a la personalidad del prócer, en 1974 una relación sobre las “Virtudes Militares” del mismo, ampliamente ilustrada. Ha dedicado también atención a la personalidad del General Antonino Taboada y ha escrito un prolijo y minucioso estudio sobre los monumentos y lugares históricos de Santiago del Estero. Directora del Museo Histórico de la Provincia, realiza una amplia labor de difusión del conocimiento de la historia local”.

 

            En un artículo periodístico de la Biblioteca 9 de Julio, publicación aparecida el día 7 de septiembre del año 1983 en el diario “El Liberal y bajo el título “EL LIBRO DEL MES”, refiriéndose al reciente libro de la Sra. Sara Díaz de Raed intitulado “SANTIAGO DEL ESTERO TÍTULOS, DISTINCIONES, PREEMINENCIAS”, que reproduzco textual y totalmente por la valiosa información que contiene,  dice: “Con este libro su autora, conocida historiadora santiagueña, pone en evidencia, una vez más, su preocupación por la larga y rica trayectoria de nuestra ciudad, en el concierto de las capitales argentinas”.

            “Sus innegables condiciones de investigadora nos presentan la vida de Santiago del Estero desde su nacimiento en el siglo XVI, siglo en el que afirma su soberanía”.

            “Enfoca en su estudio cinco etapas, con sus correspondientes títulos, distinciones, preeminencias de la historiografía santiagueña. Cada una de esas

 

5

 

 

etapas tiene como correlato un siglo determinado. Así, al siglo XVI le pertenece el otorgamiento de los títulos de “Madre de Ciudades”, “Muy noble”, “Ciudad capital de la Gobernación del Tucumán”, “Tierra de promisión”. En otro orden el “escudo de armas”, “La primera catedral”, “La acequia real”. Completan el panorama las informaciones sobre “La Sábana Santa”, “El real hospital”, “Santiago Apóstol”, “San Francisco Solano”, “Los Sínodos”.

            “Incluye en la segunda parte, siglo XVI, la fundación del Colegio de Ciencias Morales, Las Ordenanzas de Alfaro, los primeros obispos consagrados en la época colonial, la presencia de la Virgen de Nuestra Señora de Sumampa”.

            “La tercera etapa, siglo XVIII, nos presenta a Santiago del Estero desarrollando su cultura bajo la religiosidad, iniciada por los jesuitas. Sus Capítulos se refieren así a: Las Reducciones: Vilelas, Petacas y Abipones. Los Patronos: entre los científicos Gaspar Juárez, el jesuita; entre los apóstoles: Sor María Antonia de la Paz y la devoción del Amo Jesús”.

            “Termina con el siglo XIX en el que ubica hechos trascendentes dentro de la historia local como el primer Paseo de la Bandera, los títulos de “Muy fiel” y “Muy leal” otorgado al viejo cabildo por sus empeños ciudadanos”.

            “Revela el trabajo el espíritu científico que impulsa a su autora al manejar con sentido crítico la selección de los temas respaldados por la documentación inobjetable y que corresponde a cada suceso- ya se trate de títulos, distinciones, preeminencias- como valioso aval de verdad que es, por otra parte, lo que da a la historia su importancia como ciencia”.

            “Su estilo es el de siempre: sencillo, objetivo, didáctico, realzado con imágenes bien logradas que facilitan la captación sensible y que predisponen al espíritu del lector a trasladarse, sin esfuerzos, a un pasado lleno de vivencias que hacen de nuestra vieja ciudad un lugar privilegiado, siempre rico en realidades y sugerencias”.

            “Es así como Santiago del Estero vive para el recuerdo y la añoranza”.

            “En el prólogo, de signado contenido docente, ( rasgo inequívoco e indeleble que caracteriza a Sara Díaz de Raed se exponen los objetivos que el trabajo se propone alcanzar”.

            “Asimismo “Palabras Finales” contiene el balance justiciero y ecuánime que la autora hace para descubrir ante los lectores su profunda admiración y reconocimiento al fundador del Museo Histórico de la Provincia, Dr. Orestes Di Lullo, a quien con sincera emoción lo dedica”.

            “Acertadamente ilustrado con fotografías de imágenes, de documentos, monumentos, lugares, etc. El libro se enriquece con la colaboración artística de Juan Carlos García, autor del diseño gráfico que aparece en la tapa y que como verdadero “leitmotiv” se repite en cada capítulo”.

 

            He reproducido totalmente este trabajo porque considero de gran valor esta crítica del libro “Santiago del Estero títulos, distinciones, preeminencias”  de mi patrona académica, Sra. Prof. Sara Díaz de Raed,  que, ciertamente, a todos los santiagueños nos llena de orgullo por hacer conocer o recordar a muchos  las excelencias de nuestro rico pasado histórico.

 

           

6

 

 

            Creo que a muchos lectores de investigadores orientados hacia el mundo de los acontecimientos propios de la historia no están acostumbrados, y me parece que tampoco lo esperan, a encontrar oraciones hermosamente construidas que gratifican el espíritu como si se tratara de un autor acostumbrado a escribir  poesías o  novelas que se convierten en best seller no solamente por sus argumentos sino también por estar espléndidamente redactadas.

 

            Pues bien, la Sra. Sara Díaz de Raed es historiadora, pero también es docente familiarizada con el buen decir. Y prueba de ello, al menos para mí, es el comienzo de su “Acequia Real” en el que dice: “Cuando el sol quemante, seguramente engreído de su daño creciente a la capa de ozono, amenaza reventar la gris dureza del cemento, el otrora fresco y arbolado paseo, sacude la memoria de los que peinan canas. Y también amaga una lágrima furtiva escaparse ante el inevitable cotejo entre pasado y presente. Aquella Avenida Belgrano, nacida de una premonitoria sabiduría con sus dos manos angostas de circulación, la línea central de agua y a sus lados las filas protectoras de árboles o esa turbulenta vía ensanchada producto del progreso”.

 

            Y otro testimonio al respecto. Escribiendo sobre el patrimonio de los santiagueños nos ha dicho la Sra. Díaz de Raed: “Habitamos la ciudad del sol, somos hijos de la primogénita de la conquista americana y solamente  debe iluminarse por la acción de hombres buenos, sanos y generosos”.

 

            Deseo recordar ahora una publicación del Prof. Luis Alén Lascano, distinguido académico santiagueño, cuando brindó su homenaje de recordación a tan meritoria dama de la cultura, poniendo énfasis en resaltar las tres devociones que alimentaron y llenaron su vida: religiosa, patriótica y educativa.

 

            Considero adecuado transcribir textualmente sus palabras referidas a la primera devoción  por ser la menos conocida  y sobre la que dijo:

 

            “A lo largo de su existencia, tres devociones signaron la vida de doña Sara Díaz de Raed y marcaron su existencia con dedicación completa a esas verdaderas normas existenciales que la distinguieron siempre. La primera de ella fue su devoción religiosa:  una constante de fe y testimonio exteriorizado a lo largo de los años, que ella supo personalizar  en la devoción a Nuestra Señora de los Dolores”.

            “Rindió tributo a una antigua imagen de la Dolorosa que recibió en herencia, como tributo a su nombre y que ella enalteció por el origen y la historia de esa talla”.

            “Había sido construida por un indígena altoperuano cuyo afecto y veneración por la Beata de los ejercicios, María Antonia de Paz y Figueroa le llevó a regalar a nuestra Mama Antula en uno de sus viajes”.

            “En Santiago su propietaria la dejó en poder de uno de sus familiares, doña Agustina Basualdo Paz de Martínez y ya como Rectora de su Casa de Ejercicios le recomendó su conservación mientras viviera, para dejarla en herencia a cada una de sus descendientes que llevara el nombre de Dolores”.

 

7

 

 

            “Doña Agustina era hija de doña Petrona Catalina Santa Ana de Paz y Figueroa y prima de la Beata Antula. Se casó con el guerrero de la independencia Luis Beltrán Martínez, pariente y hombre de confianza del General Juan Felipe Ibarra, y a su vez, madre de doña Luisa Martínez que contrajo enlace con don Demetrio Argibay, de donde pasó a una de sus hijas doña Sara Dolores Argibay, quien por llevar este nombre heredó la histórica imagen”.

            “Siguiendo la tradición familiar ella se la entregó a su hija doña Sara Dolores Díaz Argibay de Raed, tataranieta de doña Agustina Basualdo Paz de Martínez, y quien le rindiera culto fervoroso lo que explica el origen de tan tradicional devoción”.

 

            Realmente lamento no seguir transcribiendo las palabras del Prof. Alén Lascano sobre las devociones patrióticas y educativas de la Sra. Sara Díaz de Raed por ser aspectos de su vida de los que yo me ocupo detalladamente en este trabajo.

 

            También la Sra. Sara Díaz de Raed ha sido una distinguida conferencista que ha disertado sobre temas culturales, históricos y religiosos en muchos escenarios y en varias provincias como ser  en Santiago del Estero, Buenos aires, Córdoba y Catamarca. En todos ellos ha sido excelentemente comentada por los medios de comunicación.

 

            Un muy importante aspecto de la fructífera vida de la Sra. Sara Díaz de Raed que deseo poner de manifiesto de manera muy especial es el referido a las  distinciones que merecidamente ha recibido y entre ellas, destaco:

            Por Servicios de Proyección en la Comunidad, otorgada por la Escuela de Profesores "Manuel Belgrano" de nuestra ciudad en 1977.

            Premio Al Servicio Distinguido a la Comunidad, otorgado por el Rotary Club de Santiago del Estero en 1985.

            Distinción de Ciudadana Ejemplar, otorgado por la Municipalidad de Santiago del Estero en 1992.

            Premio Santa clara de Asís, otorgado por la Liga de Madres en Buenos aires en 1994.

            Distinción de la Honorable cámara de Diputados de la Nación a la Trayectoria de la Mujer de Santiago del Estero en 1995.

Docente ejemplar.

Investigadora paciente y prolija.

Escritora exquisita y didáctica.

Mujer culta, agradable, bondadosa y llena de excelencias

Falleció en la ciudad de Santiago del Estero el día 8 de enero  del año 1996. Yo la despedí en nombre de sus amigos y en esa oportunidad, ante las autoridades superiores de educación y cultura de la provincia, expresé mi deseo de que una de las salas del Museo Histórico de la Provincia llevara su nombre. Se lo merece.

 

 

Prof. Rolando Giménez Mosca

Académico de Número

 

 

 

PROF. ROLANDO GIMÉNEZ MOSCA

            Nació en la ciudad de La Banda el 15 de junio de 1926 y es docente. Se recibió de maestro en la Escuela Normal “Dr. José Benjamín Gorostiaga” y se graduó de Profesor en Letras en la Escuela de Profesores “Alejandro Carbó” de la ciudad de Córdoba en 1946.

            En su larga trayectoria docente ha desempeñado estas funciones: Profesor, Profesor en Profesorado, Regente de Estudios, Vicerrector, Rector, Secretario del Consejo Gral. De Educación, Subsecretario de Cultura y Educación y el primer Secretario de Estado de Educación y Cultura de la provincia de Santiago del Estero. Ha pertenecido al cuerpo de profesores fundador de la Escuela Nocturna de Comercio y del Instituto “Santo Tomás de Aquino” y ha trabajado en nueve colegios de la ciudad capital y  La Banda.

            Condujo el primer programa educativo en vivo en la televisión santiagueña y durante un año fue uno de los editorialistas del diario “El Liberal”.

            Ha sido dos veces presidente del Rotary Club de Santiago del Estero y también gobernador rotario con mandato sobre los clubes de las seis provincias del noroeste grande y como tal representó a estos clubes en dos encuentros internacionales llevados a cabo en EEUU.

            Es Ministro Extraordinario de la Eucaristía en la Parroquia San Francisco desde 1983, fue Presidente de su Junta Parroquial y a nivel diocesano fue Presidente del Secretariado de la Familia.

            Es miembro integrante del Comité Institucional de Ética en Investigaciones de Salud y desde  el 24 de abril del año 2008 es Académico de Número de la Academia de Ciencias y Artes de Santiago del Estero.

 

            El Prof. Giménez Mosca ha escrito y publicado ya trece libros, a saber:

 

“Reseña Histórica del Rotarismo en el Noroeste Argentino” (1995)

“Rotario, Quiero Decirte” (1997)

“Decíamos Ayer” (1998)

“¡Esto es Rotary” (1999)

“Rotary 2000” (2000)

“Historia del Jockey Club de Santiago del Estero” (2000)

“Historia de los Clubes Rotarios Santiagueños” (2001)

“Historia del Rotary Club de Concepción” (2002)

“Historia del Rotary Club de Tafí Viejo) (2002)

“Historia del Rotary Club de Juan B. Alberdi” (2002)

“Un Siglo Sirviendo al Mundo” (2005)

“Mi Tríptico Rotario” (2007)

“Historia del Rotary Club de Santiago del Estero” (2009)

 

            También tiene escritos y aún no publicados estos dos libros:

 

“Dios, el Hombre y la Educación”  y  

“España, América y la Cruz”

 

 

            Por la cantidad de libros de temática rotaria que tiene escritos el prof. Giménez Mosca, once en total, es el argentino que más libros tiene publicados sobre Rotary.

PABLO LASCANO (L. ALÉN LASCANO)

Pablo Lascano

Un precursor de la literatura regional.

Por Luis Alen Lascano

Había nacido en Salavina, tierra de originales perfiles autóctonos y antaño floreciente producción agrícola y comercial, en Agosto de 1854, y a pesar de no corresponderle la primogenitura, se le bautizó con el patronímico familiar, que desde entonces, deslindando los vínculos de sangre, cobraría por él, distinta y permanente relevancia. Pablo Lascano, combatiente político, opositor y revolucionario, parlamentario o funcionario público, diplomático y señor mundano de cautivante distinción, es para nosotros los santiagueños que le buscamos conocer por no haberle alcanzado físicamente, algo distante de todo eso, que sin ser más aquello, en el conjunto totalizador, confiere a su figura dentro de la cronología y no lejos de las valoraciones, el rol fundamental de iniciador y fundador de nuestra vida intelectiva; porque Pablo Lascano, nada más y  nada menos; es quien inaugura como acto consciente y personalmente heroico de una vocación premonitoria, la faena literaria, en lo que hasta entonces era actividad virgen y hoy puede considerarse, autónomamente, calificada historia de las letras santiagueñas.

Verdaderamente sólo dos grandes escuelas formativas nutrieron su personalidad, pero con tan formidable y sentimental adhesión una, y tan dispar, errante y necesitado ejercicio la otra, que de ambas extrajo las dos grandes esencias de que constaban su carácter y su cultura. La primera, fue la del hogar, donde conoció el cultivo moral que dio rigidez insobornable a su conducta y fue preparado en los cánones de una educación desgraciadamente interrumpida por azares económicos, bajo el ejemplo permanente de sus dos mejores maestros: don Pablo Lascano padre, y su hermano mayor Manuel que dejó una huella imborrable en toda su vida.

La segunda gran fragua modeladora la constituyó el periodismo, que desde antes de los 20 años comenzó a ejercer como acuciante necesidad de expresarse y sacerdocio espiritual, mas que metódica profesión o vehículo proselitista; y antes que entrar a hablar de la obra impresa concreta que nos ha legado Lascano, tendremos que detenernos en estos dos especiales y confluyentes aspectos suyos que tanto explican sus posteriores inclinaciones, pues sin ello, tampoco podríamos interiorizarnos de las fuerzas gravitantes en su obra.

Ambulando por La Rioja y por las provincias vecinas, su fama y sus amistades fueron creciendo parejamente, hasta que reclamado en Buenos Aires aportó con su pluma en las lides metropolitanas, donde conoció a Sarmiento y a su lado, actuó como Secretario suyo en la Comisión Popular de ayuda a las víctimas del cólera, ganando su confianza y compartiendo su intimidad. En esos días comenzaron a ver luz en el periodismo, las primeras semblanzas, escritas como homenaje a la amistad, en forma de “medallones” sobre condiscípulos, amigos o políticos de su afecto, y en las que hacía resaltar las características más singulares de cada personalidad con gracia anecdótica a la par que valoración de méritos o talentos. Esto explica que versen sobre ejemplares no santiagueños del todo, aunque Lascano, emigrado de su tierra llevaba consigo ese “paisaje espiritual” que alentaría su autenticidad y sobre el que volvería en los temas inmediatos.

Llegarían como ecos extraños, en la tranquila fisonomía de sus habitantes, los comentarios que desde Buenos Aires hablaban de “Siluetas Contemporáneas” y los primeros ejemplares se exhibirían entre la curiosidad y la indiferencia de los demás, pero también, el estímulo confortante de algunos escogidos. Impreso por la casa Jacobo Peuser, en volumen de 343 páginas, no nos ha sido posible determinar la cantidad a que alcanzó su primera y única edición, de 1889. Las prensas locales, pocas e insuficientes, apenas cubrían las necesidades de periodismo o las hojas impresas, casi siempre políticas. De ahí que el mérito de este libro, corra parejo al de su edición, en aquellos tiempos, con la halagüeña advertencia  preliminar que firmaban sus editores, donde se aclaraba: “Bajo el modesto título de “Siluetas Contemporáneas”, el autor ha reunido en páginas fáciles y abundantes, colores o notas que tienen un interés dramático a la par que histórico y sociológico. Cuando estudia un carácter, al punto aparece una costumbre, una situación especialísima de los hombres y cosas de este país, y con una franqueza sólo comparable a la sinceridad que le anima, fija los jalones para que los otros cultiven más tarde en los surcos de los terrenos por él explorados, la vida argentina en sus múltiples faces”.

En las “Siluetas” como es lógico, campea la valoración personal por el hombre, no abstractamente considerado, sino como sujeto activo de la comunidad y la historia, con sus alegrías, sus dolores y sus grandezas. Vibra ese humanismo individualista, que como herencia carlyleana, nos retrata actores, en grande o pequeña escala, de la epopeya vital a través de los tiempos; convertidos en palancas motrices de la evolución, y que para Lascano se pinta en la sobriedad de pocos trazos, sea humilde o famoso el agraciado. Desfilan sucesivamente los primeros compañeros de la juventud, las figuras relevantes nacionales, los personajes típicos del ambiente santiagueño y algunos personajes del pasado provinciano, en episodios de relieve tradicional en la anécdota lugareña, sumando un total de 24 capítulos, sin prelación sistematizada, con el órden que les adjudicamos nosotros.

Dentro de la primera categoría, sobresalen las que dedica a Luis Ponce y Gómez, Alejandro Vieyra y Julio Lezana, donde la gracia retozona de la mocedad se une a la calidad anecdótica que lleva a grave elocuencia en ocasiones trágicas y solemnes. Entre las segundas, las de Avellaneda por su justa valoración, la de Sarmiento, por la sencilla intimidad con que revela aspectos desconocidos de sus hábitos domésticos retratados con escorzo con sus costumbres familiares ignoradas por la idolatría póstuma y que por serle tan accesibles le hacen buscar en la silueta “el otro”- chez lui- Sarmiento; la del Dr. Manuel Lucero, Rector de la Universidad de Córdoba, cuyas discusiones parlamentarias, reformas educacionales y proverbial caballerosidad, están matizadas con una fina ironía que conmueve elegantemente por la vivacidad del cuadro; y la del don José Posse, una institución tucumana “el único” que tuteaba a Sarmiento, con quien eran “hermanos siameses en ideas, en temperamento literario, en genialidades”.

Salvo algunos condiscípulos de la infancia santiagueña que ocupan los primeros lugares, hasta aquí las “Siluetas” pudieran también llevar la firma de cualquier escritor de plástica habilidad para el buril por la universalidad de los momentos, sin definir aún a una literatura genuinamente local. Pero de improviso, los cuadros cambian con vivos contrastes y aparece frente a las pupilas, toda la expresividad soterrada del alma provinciana, expuesta con despreocupada sencillez por vez primera, y comienzan a desfilar los cuadros regionales, con fuerte impregnación del paisaje natal. Lo más interesante de esta parte verdaderamente nuestra de las “Siluetas” es que ellas se dirigen sin afectación ni falsa conmiseración hacia las vides humildes y los temas socialmente menospreciados de aquella época, para extraer de todo eso, con hábil pintoresquismo, las mejores descripciones del libro.

La imagen de “la negra Manuela” revendedora del Mercado de su manumisión de la esclavitud y víctima de las picardías infantiles, es una reivindicación al trabajo infatigable con que el elemento de color contribuyó en nuestra primera sociedad. La de Julicho “el ciego de Millij” mendigo callejero que junto a su ingénita pobreza guardaba en el fondo de su excelencia espiritual, la firme lealtad a sus ingenuas convicciones políticas por el partido “alcortista”, demuestra sobradamente como hasta las más ínfimas secciones de nuestra masas populares conservaban con lealtad su preocupación por el destino de las comunidades, con un antioligárquico concepto de la misión y representatividad gubernativa, que la larga incumbencia popular en el viejo régimen federal había sedimentado en el carácter de todo nuestro pueblo sin exclusiones. El capítulo se presta a la meditación sociológica, en los rasgos vitales que todavía no ha perdido el santiagueño autóctono, que como éste, antepone el ideal y la consecuencia a todo interés, pues como se expresaba: “gratis et amore se desgañitaba echando abajo a los que reputaba sus adversarios políticos. A don Bartolo, por ejemplo, lo ha muerto ciento y una vez, pues no le perdonó nunca el triunfo de Pavón”, lo que si bien era un reflejo de la protesta interior por la subordinación en la que habían caído nuestras regiones ante el centralismo, era también un índice de sensibilidad y advertimiento político para con los hombres responsables del nuevo órden.

El “maestro Bonifacio” viejo barbero de Santiago se nos aparece con su ruda franqueza, reclamando la benevolencia de los parroquianos “que aún recuerdan la sangre que perdieron al contacto con su cruel navaja”; y por último, Francisco Lares, alias “el negro Sina- Sina” chasque, mandadero y cantor de almacén, que “haciendo un número de 4 de sus luengas piernas, cantaba un triste con infinita delicadeza”. Esa estampa, verdaderamente antológica, nos reservaba otra sorpresa: Lascano refiere una aventura casi mitológica del protagonista y concluye explicándola con audacia anticipada, haciendo gala de razonamiento lógico digno de la más adelantada premonición científica moderna. Mientras Sina- Sina repicaba en la antigua Catedral para la procesión tradicional de la Virgen del Carmen, su fervorosa devoción lo lleva a inclinarse demasiado en la baranda del campanario y caer de ella, entre el pánico general. Más, restablecida la calma, los feligreses contemplan asombrados que la víctima ya dada por muerta, se levanta del suelo “contando a los que le rodeabanque podía bailar un gato zapateado… (y) más tarde el negro solía decir que cuando se sintió en el aire…hizo promesa… en nombre de la Virgen y que a eso se debía la integridad de sus costillas”. Lo menos que sed ijo allí, fue que milagro tan notable patentizaba fehacientemente el poderoso influjo de la Virgen, pero don Pablo se propone concluir con sus inquisiciones en busca de la verdad del episodio, y entonces apunta en tono precursor: “Lares estaba de poncho el día de su caída. Naturalmente, como el viento era recio, tomó al sujeto en circunstancias favorables convirtiendo al poncho en un excelente paracaídas y he aquí, explicado a la luz de la ciencia el fenómeno. Y desde entonces el joven pasó a la leyenda, y el hecho corrió de boca en boca, multiplicando devotos”.

Finalmente, la obra se adentra en algunos episodios tradicionales de la historia provinciana y emparenta la prosa del autor con las mejores inspiraciones narrativas de los “Retratos Históricos” de don Vicente Fidel López, por la intimidad sin dramatismo de las escenas y ese sabor de convivencia y frecuentación natural en que se mueven los personajes cercanos a nosotros. Así nos enteramos de las peripecias desgraciadas del francés Miguel Sauvage, boticario en la época de Ibarra y fusilado por falsificación de nuestra “moneda ibarrista” luego de haber intentado sin éxito el asesinato del Caudillo- Gobernador.

Así, también, detrás del romántico ejercicio médico del Dr. Sabino O’ Donell, somos interiorizados de la sociedad tucumana del año 40, “que después de Lima atraía con fuerza irresistible” por la belleza femenina y su generosidad amatoria, desde donde vino a anclar en Santiago aquel curador aventurero de corazones y percances.

La invasión unitaria de don Javier López a Tucumán en 1836, le sirve para describirnos las desventuras de uno de sus lugartenientes el comandante Balmaceda, que reclamado por Ibarra para saldar viejas deudas, terminó en el suicidio cuando fue deportado a Matará sumido en crueles padecimientos, y de paso, la reconstrucción se anima con la presencia del general Alejandro Heredia “doctor en ambos derechos” a quien, no es ociosos decirlo, conocía por la tradición familiar, pues fueron compañeros de estudios en Córdoba con don Francisco Javier Lascano, abuelo de don Pablo, a quien acogió brindando asilo cuando debió huir después, de la persecución de Ibarra, y el que transmitió a los suyos las muestras de aquella gratitud, junto con el justiciero juicio re- valorativo.

Con esta última parte finaliza este breve análisis de las “Siluetas Contemporáneas” para su ubicación actual en nuestra literatura. Obra de popularidad descriptiva, si cabe decirlo, sobrevivirá no sólo por su ubicación cronológica, sino también, debido a sus imágenes regionales que instrumentan y dan expresión al sentimiento y al paisaje vital de aquel Santiago. Con ella se inicia nuestra actividad intelectiva constante, y es digno señalarlo, que corre a su lado, en pareja genealogía, la presencia y la urgencia social que en ella palpita, con la bonhomía convencional de su época; pero denotando la cultivada aunque inmadura preocupación terrígena y popular que alienta la vida de Pablo Lascano, en demostración de que, ello no fue obstáculo nunca a la formación humanista clásica en estudiosos como éste, que al tecnicismo de su dominio estilístico agregaba el culto sentimental por las cosas del diario vivir provinciano, y se valía de esa aleación para la forja artística capaz de hallar siempre la veta de nobleza en los temas que acogían la humildad sencilla de nuestros bienes sedientes.

La militancia política que complementaba esta faceta de su personalidad, le sustrajo del quehacer intelectual para sumirlo, siempre con suerte adversa, en el torbellino pasional de aquellas horas convulsas. Interrumpida la creación del espíritu de manera consagratoria, perdimos al escritor para ganar al estadista de infructífera lucha, y solo en los días finales, ya retraído del vivir político al ser superada su vieja época por la democracia que renacía con otras direcciones, intentó volver a la faena creadora dando vida a nuestra novelística, pero ya cuando la fuerza se le escapaba de la pluma.

No obstante, en todas estas actividades, sacudió la medianía ambiente, para enaltecerse con su talento, y así, cuando es elegido candidato a Gobernador en 1912 presenta el primer y concreto programa de gobierno, adecuado a las necesidades económicas y a la reconstrucción hídrica y demográfica de Santiago que denotaban su caudal práctico de capacidades en una era de improvisadores, para la gobernación, malogradas por la derrota con que le victimaron los círculos oligárquicos del poder. Antes, cuando como Ministro de Gobierno preside las ceremonias conmemorativas del centenario del Coronel Lorenzo Lugones, enfrenta los formulismos protocolares y desde la tribuna inicia la reivindicación histórica del precursor y mártir de nuestro federalismo interior, Teniente Coronel Juan Francisco Borges, cuyo reconocimiento en la posteridad destruye los prejuicios facciosos del pasado. Luego, difunde en una conferencia de enjundiosa desde Lisboa, el potencial argentino en su desarrollo del primer siglo independiente, en 1910, y la tribuna europea le vale su entrada a la Sociedad Académica de historia Internacional que le hace miembro de ella, o estudia y propone una planificación adecuada para extraer los mejores beneficios del comercio argentino- portugués; y siempre, cualquiera fuese su actividad, en ella deja impresos los rastros de su espíritu superior, elevándola a la dignidad a la altura de su propio nivel intelectual.

Si Pablo Lascano no alcanzó a publicar más tarde, otra obra literaria orgánica, practicó en cambio, entre cada descanso que le permitía la militancia política, este otro tipo de labor intelectual, la que brinda el periodismo, no menos importante ni digna para el creador que lleva dentro un mensaje que transmitir, aún robándole tiempo al tiempo.

De la primera época referida, data su articulo costumbrista “Trajes y colores”, su ingeniosa introducción al “Almanaque Humorístico” de Daniel Soria en 1899, y su semblanza de “Luli Becerro” popular personaje del pasado, cargado de filosofía barata, descendido a motivo de burlas y que en la misma línea de su emoción correctora le hace exclamar: “A Luli le han cambiado todo, hasta el nombre de Lorenzo Santillán, lo han convertido en Luli Becerro; de comprador de frutos en regular escala, en vendedor de gallinas y cabritos que adquiere entrándose subrepticiamente en las casas o invadiendo los apriscos en las horas de las sombras densas; de hombre serio en algo risible y payasesco… y anda por ahí, en nuestras calles y plazas, ofreciendo el tristísimo espectáculo de la decadencia. La sociedad, el medio ambiente, tiene una principal colaboración en estas dolorosas mutaciones de la especie humana. Luli es tal vez, víctima del egoísmo o de la imbecilidad de los pueblos”. Es la misma docencia expresiva que a través de la literatura, servíale para deducir siempre la moraleja oportuna o el disconformismo social.

Al segundo período corresponden las páginas compiladas en 1927 por el Dr. Víctor Lascano, en el libro póstumo “Discursos y Artículos”, donde aparecen, entre otros, “La Chola Tucumana”, evocación y despedida de este original tipo racial que alegró los campamentos con la ligereza de su genio y que desaparecía “corrida por el progreso, por los ferrocarriles y las escuelas normales que modelan de otro modo el alama de las generaciones”; “En el país de los Tucus”, descripción de alto valor estético sobre la belleza del paisaje nocturnal santiagueño donde la inspiración literaria corre pareja a la hilación narrativa; “La lucha por el agua” visión dantesca del padecimiento de nuestros pueblos donde la sequedad de la tierra es tan viva que empolva nuestra emoción con la energía del relato, escrito con humanizado realismo; y “La Loretanita” figura de humilde rango a quien la belleza del retrato ennoblece con mística ternura por su contraste doloroso con el progreso mecánico que le es ilegible a su ingenuidad aniñada y campesina.

En estos relatos, como en todas las producciones de Pablo Lascano, el motivo central de sus temas, está dado por el relieve con que surgen a la efusiva exhibición del lector, las vidas anónimas y modestas, pletóricas de generosidad en sus rasgos, y elevadas más allá de los recursos del oficio, por la espontánea maestría de la pluma. Fue el cantor y el cultor del valor nativo, ascendido del pintoresquismo efectivista y satirizante, a una dimensión plástica ecuménica y a una jerarquización social eminente.

Lo notable de esta sección de los “Discursos y Artículos” es la incorporación de lo que pudo haber sido su mejor obra. Una novela de tinte histórico que titulaba “JUALLO” y que buscaba evocar las vicisitudes pobladoras de los colonizadores fundacionales llegados a la vieja villa de Salavina en el siglo 18, con sus afanes progresistas y productivos capaces de convertir a la región en próspera zona de los cultivos exportables del trabajo agrario provincial. Se fundaba para ello en viejas leyendas familiares, pues sus antepasados habían pertenecido al núcleo originario de Salavina, que fue cuna de su mismo nacimiento y estaba enclavada en lo profundo de su corazón.

Desgraciadamente su enfermedad y luego su muerte en 1925 impidieron la continuidad de su trama novelística y quedaron esas páginas iniciales y fragmentarias  que su hijo el Dr. Víctor Lascano rescató del olvido y nos hizo conocer en ese libro póstumo. Y debemos recordar asimismo que por iniciativa del mismo Dr. Lascano se editó en 1970 una última publicación de los escritos de Pablo Lascano titulada “Mis Bosques” que tuvimos el honor de prologar con un exhaustivo estudio de la vida y de la obra del autor. Eran según su subtítulo “Cuadros y Tradiciones Solariegas”, en el estilo de sus “Siluetas”, con vívidas pinceladas  sobre los viajes en mensajerías, el melero, el pintor Felipe Taboada o una evocación del clérigo de las misas y el viejo de provincia. De tal modo no le abandonó su vocación literaria y quedó a salvo de los ajetreos de su vida política, marcada siempre con signo adverso y una sentida premonición democrática. Ocupó tres veces el Ministerio provincial, en los gobiernos de Luis G. Pinto, Maximio y Adolfo  Ruiz, Senador Nacional electo en 1892, Presidente del Consejo de Educación en 1893, Diputado a la Convención Reformadora de la Constitución Nacional en 1898, Secretario de la Junta Gubernativa en la revolución santiagueña en 1892, Cónsul argentino en Lisboa en 1910, candidato a Gobernador por el Partido Demócrata en 1912, Presidente de la legislatura y Gobernador interino en 1883, y funciones docentes, culturales, periodísticas y sociales en aquel Santiago, pero por sobre todo lo enaltece y confiere perdurabilidad el haber sido precursor de nuestra literatura regional con títulos indiscutibles que le confieren inmortalidad.

ORESTES DI LULLO (P. BOLETTA)

Orestes Di Lullo

 Pedro Enrique C. Boletta

Orestes Di Lullo ha sido un hombre ilustre que se destacó en distintas áreas de las ciencias y la cultura y en su accionar ha prestigiado a su provincia natal, lo cual debe ser exhibido con orgullo por los santiagueños y tomarlo como un modelo para ser transmitido a la juventud santiagueña, para que ésta, lo tome como un referente a emular en sus vidas.

Orestes Di Lullo nació el 4 de julio de 1898 en Santiago del Estero y falleció el 28 de abril de 1983, a la edad de 85 años.

Los estudios primarios los realizó en la Escuela Normal de Varones que estaba localizada en la Avda. Roca frente a la Iglesia de San Francisco, fue alumno de una destacada educadora la Srta. Antonia Marcos y condiscípulo de Ramón Gómez Cornet quien fuera durante la  trayectoria de su vida un destacado pintor[1].

Los estudios secundarios los cursó en el colegio Nacional de Santiago del Estero, en la actualidad Absalón Rojas, del cual egresa como bachiller en el año 1916.

Ingresa en 1917 a la Universidad Nacional de Buenos Aires en la Facultad de Ciencias Médicas, de la cual egresa en el año 1923 con el título de Doctor en Medicina, especializado  en Dermatología y Sifilografía, con una novedosa tesis doctoral titulada  “El Paaj: una nueva dermatitis venenata” en la cual detalla en sus estudios  los efectos que provocaba el denominado Mal del Quebracho, que causaba endemias generalizadas entre los obreros de la actividad forestal. En la Facultad de Medicina fue alumno de destacados Profesores, entre ellos Salvador Mazza, Mariano R. Castex, Pedro Escudero, Pedro Chutro y Ricardo Finochietto, entre otras eminencias de la medicina nacional de ese entonces. Es importante destacar que el Doctor Salvador Mazza fue el que lo alentó y estimuló para que escogiera un problema regional para el desarrollo de su tesis doctoral  y quien lo dirigiera en el desarrollo de la misma.

Con el título de Doctor en Medicina regresa a su Santiago natal y participa en el año 1925 en la fundación de “La Brasa”, en cuyo manifiesto fundacional propone ser “un centro de actividad espiritual”[2].

En el año 1926 es designado médico interno de sala en el Hospital Mixto de Santiago del Estero.

En 1927 contrae nupcias con Doña Blanca Uriondo, de cuyo matrimonio nacen dos hijas, Marta Susana y María Eugenia[3].

Antecedentes  en el ejercicio de la actividad desarrollada en el campo de la medicina:

En 1928 con la aparición de una epidemia de peste bubónica en la provincia presenta un plan de lucha antibubónica elaborado conjuntamente con los médicos Eduardo P. Archeti y Enrique Canal Feijóo, para ser puesto en consideración del gobierno de la provincia.

Desde 1927 participa de las reuniones anuales de la Sociedad Argentina de Patología Regional del Norte, presentando en las mismas los casos de las observaciones realizadas sobre la etiología del “Paaj” provocado por el quebracho colorado. En forma sistemática y hasta 1933 participa de las reuniones que en cada provincia se llevaba a cabo mediante la entidad citada y publica en los volúmenes respectivos los estudios que llevó a cabo sobre la Spiroquetosis de Castellani, la Dermatitis ocasionada por el látex de la higuera, la acción cáustica de las hojas del Loconti y el tratamiento antipalúdico con extracto de Quebracho Blanco, contando siempre para estas investigaciones con la dirección del Dr. Salvador Mazza. Las valiosas investigaciones aportadas por Di Lullo, le permitió adquirir preponderancia científica entre los médicos del interior argentino.

En el año 1929 en una publicación independiente publicó La medicina popular en Santiago del Estero. En 1935 publica un libro sobre “La Alimentación popular de Santiago del Estero, prologado por el Dr. Escudero.

            En 1930  por los aportes realizados en las ciencias médicas es designado miembro correspondiente de la Academia Nacional de Medicina.

Di Lullo y sus aportes  en el Folclore

Recorrió toda la provincia para poder registrar,  recopilar y para impedir la pérdida de las tradiciones populares. Este trabajo de campo le permitió recuperar y salvar del  olvido coplas del cancionero santiagueño que los pobladores la tenían guardadas en sus memorias. En la realización de este trabajo fue alentado por el Dr. Ernesto Padilla desde la Universidad Nacional de Tucumán, quien también estimuló en otros trabajos similares a otros escritores en las provincias norteñas vecinas. El trabajo desarrollado sobre el folclore queda plasmado en la publicación titulada “El cancionero popular de Santiago del Estero”, en 1940; “El folclore de Santiago del Estero, en 1943; “La medicina y la alimentación, en 1944; “Contribución al estudio de las voces santiagueñas”, en 1946 y en una obra póstuma titulada “La razón del folclore”, en 1983.

Contribuciones a la historia del pasado argentino y regional

            La investigación de la historia del pasado argentino y regional lo dejó documentado a través de varias publicaciones entre las que merece citarse las siguientes:

            “La agonía de los pueblos”, en 1946.

            “Santiago del Estero Noble y Leal Ciudad”, en 1947.

            “Reducciones y fortines”, en 1949.

            “El General Taboada”, en 1953.

            “Viejos pueblos”, en 1954.

            “Caminos y derroteros históricos en Santiago del Estero”, en 1959.

            “Figuras de Mayo en Santiago del Estero”, en 1960.

            “Un cuadro de la prehistoria santiagueña”, en 1965.

            En 1991 se publica una obra póstuma prologada por el Profesor Luís Alén Lascano titulada “Santiago del Nuevo Maestrazo”.

Desempeño en la actividad Política

Incursiona en la política en el año 1930 y en ese año es electo Concejal para el desempeño de esa función en la Municipalidad de Santiago del Estero, incorporándose en el Consejo Deliberante el 30 de abril del año citado, cesando en esas funciones el 6 de septiembre del mismo año, como consecuencia de la Revolución Militar que interrumpe la continuidad democrática.

            En 1931 es candidato a Diputado Provincial, por el Partido Provincial Reformista.

            En 1938/39 es elegido Diputado Constituyente a la VI Convención Reformadora de la Constitución de la provincia de Santiago del Estero. En las sesiones de la reforma de la Constitución se destacó por sus encendidos discursos acerca de la defensa de la enseñanza católica en las escuelas y esto motivó que tuviera una gran repercusión en la opinión pública de la época. Esta es la última actividad política que desarrolló, dado que, se retira de la misma como consecuencia del incumplimiento de la promesa gubernativa de defender la enseñanza libre.

            El General Uriondo jefe de la casa militar le sugiere el nombre de su cuñado Di Lullo al General Perón para la nominación de su candidatura  a Gobernador de Santiago del Estero, por sus dotes intelectuales y de su trayectoria profesional, a pesar de que el General Perón no era afecto a este tipo de perfil para estas funciones, no obstante ello, el  Perón lo convocó a Buenos Aires y  le ofreció que fuera su candidato a Gobernador, la que fue aceptada por Di Lullo[4]. Di Lullo regresa a Santiago del Estero y comienza a hablar a personas de prestigio y de  colaboradores de su confianza  para formar su futuro gabinete y a elaborar la lista de candidatos a legisladores. Mediante un cable del cual toma conocimiento en la redacción del diario El Liberal lo sorprendió la noticia de que el Consejo Superior partidario había nominado para todos los cargos  a personas sin su conocimiento y conformidad de su parte. Según Maidana (2009) lo recuerda en el diario El Liberal rodeado por personal de la redacción con su rostro tenso leyendo el cable, comenta que no dijo una sola palabra, pero la humillación a la que fue sometido fue superior a lo que podía aceptar desde que había aceptado ser candidato de Perón. Por ello, sin dudar envió un telegrama renunciando a la postulación que le fuera ofrecida. Este hecho lo pinta al Dr. Di Lullo como un hombre integro que poseía una gran autoestima, de firme principios éticos, en la cual primó la dignidad por encima de la disciplina y la obediencia[5]. Como consecuencia de ello, la Provincia se vio privada de contar con un posible gobernador de lujo y de haber tenido otra historia de gobierno de la misma, dado que el Dr. Di Lullo conocía muy bien a su Provincia, por haberla recorrido y tomar conocimiento en el terreno de sus necesidades, potencialidades productivas para el desarrollo, idiosincrasia  y acerbo cultural[6].

Actividad desarrollada en el área de las Letras

            * Publica en 1947 una comedia dramática en tres actos titulada “Hermanos”.

            * En 1957 escribe sobre temas lingüísticos de “Lo popular en el Quijote de la Mancha”.

            * En 1961 publica “Elementos para un estudio del habla popular en Santiago del Estero”, entre otros escritos y varios libros terminados que quedaron inéditos a su muerte[7].

Obras  fundadas, Distinciones Académicas y premios obtenidos  

Fundó y organizó el Museo histórico de la Provincia de Santiago del Estero en el año 1940, siendo su primer Director desde su inauguración hasta el año 1945, renunciando en ese año ante  el nuevo Interventor Federal.  El mismo Interventor  Federal que había aceptado su renuncia lo designa nuevamente en 1945  para desempeñarse como director del Museo y permanece en esta función hasta 1967. La obra y trayectoria desarrollada en el Museo,  mereció que al mismo  se lo nomira con su nombre.

En 1953 fundó el Instituto de Lingüística y Arqueología de la Universidad Nacional de Tucumán, con sede en Santiago del Estero, ejerciendo su Dirección durante 20 años. Con la creación de la Universidad Nacional de Santiago del Estero (UNSE), este Instituto en 1975, pasa depender de esta  nueva Universidad.

El Dr. Di Lullo dictó la conferencia inaugural de las actividades del Instituto Universitario San José y fue uno de los que bregaron y apoyaron  la fundación de la Universidad Católica de Santiago del Estero (UCSE). Al inaugurarse el edificio destinado a la biblioteca de la UCSE, se la bautizó Dr. Di Lullo para destacar su trayectoria y para que sirviese de ejemplo para continuar transitando por el camino por él trazado[8].

Miembro correspondiente en Santiago del Estero de la Academia Nacional de Historia, designado en 1965.

Miembro correspondiente en Santiago del Estero de la Academia Nacional de Medicina, designado en 1966.

Miembro correspondiente en Santiago del Estero de la Academia Argentina de Letras, designado en 1966.

La tesis del “Paaj” fue premiada con el Primer Premio Municipal de Ciencias en Santiago del Estero, en 1930.

Primer Premio Regional de Folclore otorgado en 1945, por la Comisión Nacional de Cultura, Zona Centro.

Obtiene en 1962 el Primer Premio Regional de la Dirección General de Cultura de la Nación. Zona Centro.

En forma resumida se ha detallado las partes más destacada de la vida y obra del Dr. Orestes Di Lullo, pero quien ocupa el sitial que lleva su nombre quiere citar de una forma muy especial la excelente  publicación de “El bosque sin leyenda, ensayo económico-social”[9], en la cual describe en forma minuciosa la vida que transcurría en los obrajes  y la sacrificada vida de los hacheros en el bosque santiagueño. En esta obra se refiere en la forma que el bosque era desvastado, y las distintas labores que el hachero hacía en la explotación forestal (el talado, rodeada, etc.) y como era esquilmado  en su salario en dos vías por el pago con vales  y que tan solo podían ser usados en la proveeduría del obrajero en la cual éste hacía su agosto cobrando valores muy superiores a lo normal por los productos que suministraba. En esa obra también muestra su preocupación en forma implícita de  la ecología al hacer referencia a la degradación del bosque, que era aprovechado en forma irracional sin tener en cuenta el ecosistema como un todo y su capacidad de  recuperación. En este libro describe al  obrajero extrayendo los productos del bosque como  si se tratase de una explotación minera y no como un recurso natural renovable, dado que, a éste solo le interesaba la obtención del  máximo  lucro en  el momento, sin considerar el legado que se le debe dejar a las generaciones futuras.

Consideraciones finales acerca de la trayectoria de Di Lullo

            Analizando la labor desarrollada por Di Lullo podemos apreciar al médico aplicado e investigador, que según Maidana (2009), estudió medicina por haberle prometido a su madre en su lecho de enferma que estudiaría esta carrera. Luego surge su interés por el Folclore de tierra adentro y a desentrañar a través de ello los sentimientos del hombre del interior provincial. Cuando se dedica al folclore y a la historia prácticamente abandona la medicina, para dedicarse de lleno a estas nuevas actividades, que reparte entre la organización del Museo Histórico, el Instituto de Lingüística y a dejar por escrito sus investigaciones sobre estas temáticas.

            Maidana (2009) lo recuerda como un hombre pulcro en su vestir de acuerdo a la usanza de la época y que emanaba de su persona por su sola presencia respeto. Modestamente debo confesar que coincido con Maidana, dado que a fines de la década de los años 70 del siglo pasado en oportunidad de visitar al Arquitecto Carlos M. Gómez Alvarez en Villa la Punta, caminando por la Villa nos encontramos con Di Lullo y fuimos presentado por Gómez Alvarez, la impresión que  me causó fue de un hombre de fuerte personalidad y que su persona infundía respeto

Subscribe to this RSS feed

Log in